El show más visto

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Shannon Stapleton / Reuters vía The Objective

La avaricia siempre se resguarda en la distancia, bien sea con un enrejado de por medio o en la altura de un rascacielos. Lugares que reflejan la personalidad de quien los habita, como el dueño del perro que termina por parecerse a él tras cientos de paseos compartidos. Las fachadas siempre anuncian una historia escondida, como en los cuadros de Edward Hopper. Quizá por esa razón, al comienzo de su película, Orson Welles obligó a la cámara a subir por una interminable alambrada y salvar un inmenso territorio hasta llegar a una mansión fortificada, de un cierto aire transilvano, para contarnos quién era Charles Foster Kane. Seguir leyendo en El Subjetivo

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Esta entrada fue publicada el Domingo 15 enero 2017 a las 6:09 pm. Se guardó como Cine, Columnas, Historia, Uncategorized y etiquetado como , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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