Sumergirse

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MICHAEL DALDER / REUTERS vía The Objective

Zambullirse. Lanzarse al agua para morir o para vivir. Esos instantes sumergido recuerdan de manera inconsciente a aquellos rodeado de liquido amniótico, previos al nacimiento, a la salida al exterior. Una maniobra convulsa que termina con el primer llanto sobre este mundo. Por eso no sorprende que algunos poetas como Ángel Ganivet, John Berryman, Paul Celan o Virginia Woolf decidieran sumergirse en un río para terminar ese llanto con “un trago amargo e infinito”. Sigue leyendo en El Subjetivo…

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