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La cerilla de Iñárritu

El director de cine entra en una habitación a oscuras. Camina sobre un suelo mojado que desprende un olor denso. Puede que sea gasolina. Como no ve nada, decide echar mano de la caja de cerillas que cogió del hotel aquella mañana de forma inconsciente. Prende una con un gesto rápido y seguro, a pesar de la oscuridad. Mientras la mantiene en la mano, mira a su alrededor el juego de sombras que oscila ante el reflejo de la llama.

El cine de Inárritu está lleno de encrucijadas como ésta, a medio camino entre la contemplación caravaggista del mundo que rodea a sus personajes y la tentación por inmolar todo el conjunto. Biutiful es un gigantesco claroscuro a la luz de un pequeño fósforo, suficiente para adivinar el angosto mundo de Uxbal, un antihéroe que camina sobre una existencia poblada por intentos fallidos, un hombre perseguido por la fatalidad, la misma que se esconde tras cada intento por llevar una vida normal, por la odisea de llevar un sustento a casa y poder cuidar de sus dos hijos. Da igual el origen de toda esta situación. Pertenece al espectador el privilegio de imaginarlo. Dispone para ello de unos pocos datos, algunos apenas apuntados, que la película va desgranando por allí y allá.

Uxbal se va diluyendo entre las sombras de una carrera fatídica y caníbal. Mientras el cáncer le carcome por dentro, el mundo exterior lo devora por fuera. Toda esta historia interior adquiere pleno sentido en la mirada, los gestos, las breves palabras y los miedos que Javier Bardem le presta a este personaje, sin duda uno de los mejores papeles de su carrera. Uxbal no tiene una particularidad especial, no es un disminuido o un criminal al que haya que edificar ex novo. Anida escondido en cada uno de nosotros, agazapado y fugaz. Su carrera entre el límite de lo legal y lo ilegal, la opulencia y la marginalidad, la vida y la muerte, amenaza con dislocarlo. En la última batalla que debe librar el narrador pierde toda objetividad y el espectador vive y siente a través del personaje hasta diluirse en la misma percepción difusa.

Escribe Javier Marías que “hay una enorme zona de sombra en la que sólo la literatura y las artes en general penetran; seguramente, como dijo mi maestro Juan Benet, no para iluminarla y esclarecerla, sino para percibir su inmensidad y su complejidad al encender una pobre cerilla que al menos nos permite ver que está ahí, esa zona, y no olvidarla”. Iñárritu ilumina la humanidad con esa luz tenue y temblorosa, hasta regalarnos escenas como la intensidad dolorosa de un abrazo, quizá uno de los más emocionantes de la historia del cine. Cuando ya queda muy poco por decir sobre esa penumbra que cubre a los personajes emerge de repente en la película el sonido de unos tenues acordes de piano. La melodía melancólica y profunda que se yergue sobre ellos parece arropar a los personajes de esta tragedia con la comprensión y el afecto que surge del corazón; aquella que inspiró a Maurice Ravel para componer este estremecedor segundo movimiento del Concierto para piano en Sol mayor, que Iñárritu solía escuchar con sus hijos hasta que un día, simplemente, no pudieron volver a hacerlo. Uxbal y su historia nacían esa mañana. Como si presagiara lo que vendría después, el compositor francés había escrito ese concierto meses antes de que un mal golpe al salir de un taxi degenerara en una enfermedad neurocerebral. Como el personaje de esta gran película, Ravel presenció el espectáculo de ver poco a poco cómo sus miembros dejaban de tocar música, luego de escribirla, para después no poder hablar de ella y terminar en el silencio más absoluto.

El sol sale siempre en Biutiful entre brumas y ahí permanece durante todo el metraje, como no queriendo deslucir la tonalidad mate de todos sus planos, ni los de acá, ni los del más allá. Mientras apoyo la cabeza en esa sinuosa melodía, tan solo violentada por el intervalo de quinta de la primera frase o el trino del final, recuerdo que Ravel nació en Ciboure, en el País Vasco francés, muy cerca de donde Eric Rohmer aseguraba que el último rayo de luz del ocaso era de color verde.

Biutiful, dirigida por Alejandro González Iñárritu. Guión: Alejandro González Iñárritu, Armando Bo, Nicolás Giacobone. Prod: Fernando Bovaira. Int: Javier Bardem, Maricel Álvarez, Hanaa Bouchaib, Guillermo Estrella, Eduard Fernández, Cheikh Ndiaye, Diaryatou Daff, Cheng Tai Shen. Drama. España-México, 2010. 147 min. Estreno en España: 3.11.2010

Foto: José Haro

Citas musicales:

  • Segundo movimiento del Concierto para piano en Sol mayor (Helene Grimaud, piano; Chamber Orchestra of Europe; Vladimir Jurowski, director)


Esta entrada fue publicada el Viernes 3 diciembre 2010 a las 1:34 pm. Se guardó como Cine, Música culta y etiquetado como , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

2 pensamientos en “La cerilla de Iñárritu

  1. Lo que se lee aquí dilata la pupila sin obligarte a ver por otros ojos. Ahí es nada.

  2. Pingback: Tweets that mention La cerilla de Iñárritu « El último remolino -- Topsy.com

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