Copia de lulu 1334

El ángel exterminador

A Alban Berg siempre le preocupó la extrema lentitud con que componía. Después de Wozzeck, le costó encontrar un nuevo tema para su próxima ópera. Estuvo entre Y Pippa baila, una obra de Gerhart Hauptmann, y un viejo recuerdo teatral que había dirigido su querido Karl Kraus. Se trataba de La caja de Pandora, de Frank Wedekind, cuyo autor también había subido al escenario en aquella ocasión para interpretarla. La fuerza de aquel argumento terminó por decidirle, en lo que debía ser “la superación que me corresponde y que se espera de mí”.

Copia de lulu 1334

Ya llevaba bastante avanzada la partitura cuando en Alemania se produce el despertar nazi. Los ecos se venían dejando oír en Austria desde hacía algún tiempo, pero la inquietud no se transformó en verdadera alarma hasta que Joseph Goebbels empezó a hablar de una entartete musik (música degenerada) que no debía tener sitio en los teatros y auditorios del Reich. En una carta que escribió a su amigo Soma Morgenstern en 1933, Alban Berg confesaba que cada vez le resultaba más problemático aguantar económicamente hasta la culminación de Lulu. “No tengo un solo estreno en Alemania y con eso se suprimen las nueve décimas partes de mis ingresos”.

Entre los compases de esta ópera magnífica puede adivinarse aquella sensación de desamparo, del desasosiego de un náufrago a la deriva que ignora si sus desvelos se verán recompensados con el regreso a la civilización. Berg se enfrentó a su siempre sacrificada tarea de creación sin saber si aquella música terminaría por estrenarse alguna vez. En la zozobra de aquellos años, quizá se sintió más cerca que nunca de esa mujer extraviada, atrapada en una sempiterna y trágica huida hacia delante, que protagonizó su última ópera.

La belleza prístina de la soprano sueca Agneta Eichenholz encaja como anillo al dedo en la esencial y simbólica puesta en escena de Christof Loy, que busca la transmisión de sensaciones a través de metáforas visuales de resultado desigual. Dotada de un fraseo muy puro, esta cantante destila una Lulú fría, trágica y enormemente frágil, un auténtico “ángel exterminador”, como le llama uno de sus amantes en una ocasión. La inseguridad que mostró en algunos agudos, lejos de restarle, le añadió aún más peso a esa sensación quebradiza. Caso distinto es el de la danesa Susanne Elmark, que subió al escenario con un personaje tan carnal como tiernamente ingenuo. Aquí, la debilidad se va tornando en una contrariedad vital, cimentada en los diamantinos agudos de esta hermosa cantante.

El escenario planteado por Christof Loy invita a un sentimiento de incomodidad y desazón. No es para menos. El ambiente donde crece Lulú está construido sobre una prosperidad basada en la utilización calculada de sus encantos femeninos. Todos la desean, y ella sólo piensa en aquél apuesto caballero que un día la sacó de la calle. Se han visto desde entonces, pero siempre de forma clandestina. Anhela ser lo que realmente es para él, pero también a los ojos de todos. Cuando parece haberlo conseguido, tiene lugar uno de los mejores momentos de montaje, cuando la música nos cuenta que, a pesar de haber conseguido el amor de su vida, las cosas parecen no ir tan bien para Lulú. Caminado a tientos, va dejando caer, una a una, las rosas blancas de su dicha. Sólo serán recogidas por la condesa Geschwitz ¾encarnada por una la gran mezzo Jennifer Larmore¾ el único personaje que ama sin ambages a la protagonista. Un asesinato por despecho terminará con aquel sueño, aunque al final de su vida piense si todo no ha sido realmente una pesadilla.

En El ángel exterminador (Luis Buñuel, 1962), un grupo de burgueses se quedan encerrados en una casa tras volver de la ópera. Cuando los víveres empiezan a escasear, las buenas formas se transforman en instintos primarios de supervivencia. Ése es el mundo que se encuentra Lulú tras su estancia en la cárcel. El mismo que encontró Berg tras los años de la Gran Guerra. “No puedo vender la única cosa que jamás he tenido”, dice ella, en una dramática frase que recuerda aquella que utilizó Oscar Wilde para describir a uno de sus personajes: “conocía el precio de todo y el valor de nada”.

Lulu. Música de Alban Berg. Int.: Agneta Eichenholz, Susanne Elmark, Jennifer Larmore, Will Hartmann, Paul Groves, Gerd Grochowski, Franz Grundheber, Gerhard Siegel. Dir. esc.: Christof Loy. Orquesta Titular del Teatro Real. Dir. mús.: Eliahu Inbal. Nueva producción del Teatro Real y Covent Garden de Londres. Madrid, hasta el 16 de octubre.

Foto: Javier del Real

Artículo publicado en Actualidad Económica, 16.10.09

Esta entrada fue publicada el Sábado 24 octubre 2009 a las 9:44 am. Se guardó como Ópera y etiquetado como , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

4 pensamientos en “El ángel exterminador

  1. Pingback: Banality of Evil « El último remolino

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  3. Sigo con especial atención la carrera de Christof Loy. Su trabajo, aunque no siempre es bien recibido por el público, es muy apreciado por otros colegas.

    Me ha sorprendido el análisis de la puesta en escena de ésta ópera que se hace aquí porque es de una clarividencia poco común y carece de los prejuicios y simplificaciones que he leído en otros medios.

  4. Pingback: Christof Loy « vestir la ópera

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