El lado artificial

El general del Ejército Británico, Rupert Smith, cuenta con una dilatada hoja de servicios entre los que se encuentra haber sido comandante de UNPROFOR en Bosnia en 1995 y vicecomandante supremo de la OTAN en Europa durante la campaña de Kosovo en 1999. Desde tan complejas atalayas ha tenido la ocasión de contemplar cómo la guerra ha ido evolucionando desde la caída del Muro de Berlín hasta adquirir una forma compleja e inquietante, donde las respuestas clásicas no dan los resultados esperados.

Copia de ElOtroLado033

Consecuencia de todas esas reflexiones, ha escrito un libro, The Utility of Force (Alfred A. Knopf, 2007), en el que ordena estos pensamientos y nos lanza un nuevo concepto sobre la guerra contemporánea. Smith manifiesta que estamos pasando de la “guerra industrial” a una guerra de un cariz totalmente distinto. Es decir, de una tipo de guerra que comenzó con el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki y que se extendió hasta el final de la Guerra Fría. En conflictos posteriores, como el de los Balcanes, una nueva forma de enfrentamiento germinó. Hoy, “el nuevo paradigma es la guerra entre la gente (amongst the people), entre el pueblo, donde el objetivo estratégico es ganar los corazones y las mentes, y la batalla se libra más por obtener la voluntad del pueblo que por la destrucción de las fuerzas del oponente”.

En ese frente que cruza las mentes de quienes participan y viven en situación de guerra es donde se desarrolla El otro lado, escrita por el dramaturgo chileno Ariel Dorfman como encargo del New National Theatre de Tokio y que fue estrenada en abril de 2004. Tras su estreno en Broadway visita nuestro país en la concepción escenográfica y la dirección de Eusebio Lázaro, que también sube a las tablas para protagonizarla junto a Charo López y José Luis Torrijo.

Levana Julak y Atom Roma son un matrimonio que llevan veinte años encerrados, casi atrincherados podríamos decir, en su propia casa, a medio camino entre Tomis y Constanza, los dos territorios que llevan guerreando desde entonces y de donde proceden ambos. Como la casa está situada cerca del frente, han asumido un encargo humanitario: el de dar sepultura a los muertos por el enfrentamiento que caen por los alrededores. Como forenses improvisados, registran el cadáver con un número y toman muestras de todo aquello que pueda servir para averiguar su identidad en el futuro. Algo que todavía parece incierto. “Pronto habrá un acuerdo de paz” profiere cansinamente una enorme radio en el salón, la misma noticia que viene repitiendo desde que empezaron los combates hace tantos años. El día del armisticio reciben una visita inesperada, la de Iván, un soldado que guarda un remoto parecido con el hijo desaparecido y que irrumpe para supervisar la nueva línea fronteriza resultado del acuerdo. El problema es que tal frontera atraviesa la casa de Levana y Atom, hasta el punto de pasar por encima de su dormitorio.

Dorfman hace descansar sobre esta situación propia del teatro del absurdo el contraste entre la guerra y la paz en el mundo contemporáneo y cómo las nuevas líneas de demarcación terminan siempre por marginar y dividir los espacios que una vez se compartieron. “Nadie puede ser de ambos lados”, dice Iván. Al final, todo tiene que estar en un lado u otro. O se es de Constanza o se es de Tomis.

La obra comienza con uno de los bombardeos cercanos que asolan la casa. El miedo de los personajes contrastará con la aparición del vigilante fronterizo y sus pintorescas exigencias. Sin embargo, la tensión que debería preceder a este momento no llega a alcanzarse. La entrada de uno de los cadáveres, que debería suponer un momento tétrico, transcurre como si tal cosa. No ayuda en mucho la escenografía de la obra, que rellena el espacio vacío, más que configurarlo. Esa falta de intensidad lastra la fluidez de una obra, que sólo parece desperezarse por momentos. La idea y la metáfora que trata de recrear El otro lado resulta muy interesante y original, pero se echa en falta un mayor relieve interior en los personajes por parte de los actores, que quizá tampoco llega a respaldar el texto, muy lejos de una obra similar por su temática como la excepcional La muerte y la doncella (1992).

El otro lado, de Ariel Dorfman. Int.: Charo López, Eusebio Lázaro, José Luis Torrijo. Escenografía y dirección: Eusebio Lázaro. Teatro Fernán Gómez. Madrid, hasta el 4 de octubre.

Foto: Sergio Parra

Artículo publicado en Actualidad Económica, x

Esta entrada fue publicada el Viernes 2 octubre 2009 a las 9:19 am. Se guardó como Teatro y etiquetado como , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

2 pensamientos en “El lado artificial

  1. Teresa Cabarrush en dijo:

    Muy significativo: ” donde las respuestas clásicas no dan los resultados esperados.”, pero las preguntas siempre son las mismas a lo largo de todos los tiempos, quizás no deberíamos olvidar tal cuestión y lo hacemos.

    La vida se llena y la llenan de artificios de tal forma que la gente se acostumbra a ellos, son falsos…nada más valioso como lo natural y auténtico, alejándose el hombre de la Verdad tan unida a la Divinidad.

  2. Teresa Cabarrush en dijo:

    ¡Demasiadas cursilerías demostrando el sinsentido por la Vida!

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