Un Macbeth eviscerado

Cuando se accede al recinto teatral de las Naves del Español donde se representa estos días MacbethLadyMacbeth, hay algo de misterioso e insondable en esas tinieblas que el espectador casi puede tocar a su izquierda mientras se dirige a la grada. De este enorme escenario sin telón emerge una masa de sombras, entre oleadas de humedad, que generan en el espectador un sentimiento de vértigo, de desasosiego.

Macbeth, la gran tragedia shakesperiana, siempre ha jugado con la imaginación del espectador, estimulada por la febril y esquizoide fantasía de su máximo protagonista. Tan monstruosos como los crímenes en sí, son las huellas profundas que deja en la memoria su cruel significado. Macbeth “sufre de saber que hace el mal” llegará a decir el crítico Harold Bloom. De hecho, el asesinato del rey Duncan es de los pocos hechos luctuosos de las obras de Shakespeare que ocurren fuera de escena. En el fondo, el autor nos coloca enfrente de Macbeth, de manera que cavilamos, imaginamos y decidimos con él.

Tras el éxito de su Tío Vania, de Chéjov, la propuesta que pone en escena el director valenciano Carles Alfaro estimula las sensaciones el espectador para acercarle, empujarle casi, hasta el borde del abismo donde habita el general escocés. La acción transcurre en un submundo atravesado por sombras, neblinas, disparos y ruidos estremecedores, sembrado de charcos en los que apenas puede diluirse la sangre. En este ambiente denso y húmedo transcurre la historia de una huida hacia delante, donde los asesinados se aparecen y los bosques acaban moviéndose.

En esa pesadilla inacabable emerge con personalidad propia la figura de Lady Macbeth. Hay pocas parejas en el teatro del dramaturgo de Stratford que se profesen un amor tan incondicional. En esta nueva versión, realizada en colaboración con el filólogo Esteve Miralles, se pretende incidir en lo central de esta especial relación. Para ello han reducido personajes y escenas, dado que en la obra original Lady Macbeth está fuera de escena a partir del acto III (escena IV), y sólo vuelve en el acto que cierra la obra para la escena de la locura.

Macbeth busca en su esposa la seguridad que le falta para cortar por lo sano, para asestar el golpe final; el antídoto contra los remordimientos: “¡Venid, venid, espíritus que alentáis pensamientos de muerte! ¡Despojadme de mi feminidad, y colmadme de pies a cabeza con toda la crueldad posible! ¡Que mi sangre se enfríe! ¡Que se niegue el acceso y el derecho de paso a los remordimientos! (…) que nada se interponga entre mis decisiones y su más inmediata ejecución”.

Lady Macbeth está encarnada por Adriana Ozores, en lo que ha supuesto su vuelta a los escenarios tras diez años dedicados al cine y la televisión. La última vez que se subió a ellos fue con El Misántropo, la producción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico que por entonces dirigía Adolfo Marsillach. Ahora ha vuelto con un personaje de altos vuelos y bajos fondos, que arrastra al protagonista a una locura sin fin, y que requiere de ella su incuestionable talento para hacer frente a esta tragedia que es mezcla de realidad y vigilia, de cordura y paranoia. Francesc Orella, que se ha convertido en actor indispensable tras sus participaciones en Tío Vania y Un enemigo del pueblo, dibuja con sobresaliente un Macbeth psicológico, transido. Del resto del reparto, destacan Andrés Herrera y Víctor Valverde.

El planteamiento general de la obra demanda tal grado de visceralidad que llega a temerse, en ocasiones, que los actores puedan deslizarse peligrosamente por la pendiente de la grandilocuencia y la sobreactuación. Discurren por el filo, como sus personajes. No ayudan nada las licencias que se toma el equipo artístico al hacer excesivamente coloquiales algunos pasajes de la obra. Es difícil que estos personajes puedan decir cosas así. Esto es Shakespeare y con eso basta.

“Empachado de horrores, no logro conmoverme”, dice Macbeth al final de la obra. Ya está vacío, eviscerado, como los cochinos que alguna vez colgaron de los ganchos de lo que hoy son las Naves del Español, esperando a ser desollados.

MacbethLadyMacbeth, de William Shakespeare. Adaptación de Carles Alfaro y Esteve Miralles. Int.: F. Orella, A. Ozores, V. Valverde, V. Ndongo. Producción del Teatro Español para las Naves del Matadero. Madrid, hasta el 11 de julio.

Artículo publicado en Actualidad Económica, 4 de julio de 2008.

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