La conexión francesa

The Monteverdi Choir. The English Baroque Soloists. John Eliot Gardiner, director. Obras de Bruckner, Messiaen, Poulenc y Duruflé. Juventudes Musicales de Madrid. Auditorio Nacional, Madrid, 5 de junio, 19.30 horas. Entradas: 902 33 22 11.

Mientras los primeros jovenzuelos de aquel mes de mayo del 68 daban sus primeras carreras delante de la policía, John Eliot Gardiner recorría maravillado las partituras que la fascinante compositora y directora de orquesta Nadia Boulanger custodiaba en su casa. Aquello fue un flechazo, una premonición de la importancia que adquiría la música francesa en la vida de este director de orquesta desde sus inicios como universitario en Cambridge y el King’s College de Londres.

Cuando Gardiner llega a París, ya había dado sus primeros pasos con el Coro Monteverdi, esa formación fascinante que funda en 1964. En las aulas de la Boulanger, en sus paseos por la ciudad, ensancha sus horizontes musicales y prepara, sin quizá él saberlo, una curiosa evolución como intérprete que le hará pasar de su indiscutible maestría en el barroco a adentrarse en la música del siglo XX desde una aproximación nueva, original. Un “dar nueva vida” al recorrido que nos lleva del Jean Mouton del siglo XV, pasando por Rameau, Bach, Mozart, Beethoven o Berlioz, hasta llegar a Olivier Messiaen en el siglo XX.

Lo cierto es que su especialización en el barroco, en el que siempre ha cultivado la fidelidad a las intenciones originales del compositor, le ha servido como campo de pruebas para compositores contemporáneos donde el edificio tonal llevaba varias décadas tambaleándose. Sin embargo, y como demuestra el programa que presenta el próximo 5 de junio en el Auditorio Nacional, en música las revoluciones son hijas de las evoluciones; casi nada aparece ex novo sino que todo guarda una relación inefable con lo anterior.

De las tres misas que compuso Anton Bruckner (1824-1896), la Misa nº 2 en mi menor contiene una inspiración que viene del estilo contrapuntístico del Renacimiento, y más concretamente, de la figura de Palestrina. De este compositor italiano podemos reconocer en el Sanctus de esta misa un tema de la Missa Brevis del libro XIX. En toda la obra coral y religiosa del músico austriaco late la maestría de las partituras de maestros como Johann Sebastian Bach, que tuvo que interpretar numerosas veces como organista de la abadía de San Florián y de la catedral de Linz. Cuando la escribió en 1866 para un conjunto de ocho voces e instrumentos de madera y metal, Bruckner llevaba tres años fascinado por la música de Wagner, a quien consagraría toda su sugerente obra sinfónica. Si por la mañana se dedicada con denuedo a construir complejas tramas sonoras en sus sinfonías, por la tarde hacía atronar su órgano sobre las partituras gráciles y apolíneas de Palestrina o Victoria, como aquella vez que visitó París y fue invitado a tocar el órgano de Notre-Dame. Un contraste que recoge ahora Gardiner con esta obra. La Misa nº 1 en re menor fue grabada por Gardiner y el Monteverdi Choir con las huestes de la Orquesta Filarmónica de Viena durante un concierto en el Musikverein de la capital austriaca.

Gardiner admiraba partituras como la del Réquiem, de Gabriel Fauré, que fue maestro de Nadia Boulanger. Dirigirá aquella página en 1992, la misma de la que Maurice Duruflé (1902-1986) bebió para componer su Réquiem op. 9 en 1947. Como Bruckner, también echará la vista atrás y dejará que afloren reminiscencias del canto gregoriano y de la música renacentista. Los compases iniciales del Introit y el Kyrie pueden recordarnos, por ejemplo, a la Missa pro defunctis del compositor portugués del barroco Duarte Lobo (1565-1646).

Duruflé se estrenó como organista en 1939 con la interpretación de una obra de Francis Poulenc (1899-1961), de quien se oirán dos obras breves a cappella en este concierto (O Magnum Mysterium y Exultate Deo), junto a un motete compuesto en 1937 por Olivier Messiaen (1908-1992) cuando era organista de la Iglesia de la Santísima Trinidad de París. Por delante de su fachada pasaría algunas veces un joven John Eliot Gardiner que estudiaba a quienes va a interpretar en este concierto de Madrid mientras las barricadas incendiadas iluminaban aquellas noches de mayo del 68 y los órganos que un día tocaron Bruckner, Duruflé, Poulenc y Messiaen dormitaban en silencio.

Artículo publicado en Actualidad Económica, 30 de mayo de 2008.

Esta entrada fue publicada el Viernes 13 junio 2008 a las 8:14 pm. Se guardó como Música culta y etiquetado como , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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