Cuatro formas de decir adiós

Cuarteto Alban Berg. Obras de Haydn, Berg, Schubert y Beethoven. XVI Liceo de Cámara. Fundación Caja Madrid. Auditorio Nacional. Días 6 y 8 de mayo.

Cuando cuatro músicos llevan casi un cuarto de siglo tocando juntos y uno de ellos desaparece, no resulta tan fácil continuar. Le ha ocurrido al Cuarteto Alban Berg después de que uno de sus componentes, el viola Thomas Kakuska, falleciera en julio de 2005 tras una larga enfermedad. La incorporación, en su lugar, de su alumna Isabel Charisius no ha desmerecido en ningún momento la impronta dejada por su maestro. Antes al contrario, ha servido para descubrir a una intérprete extraordinaria. Pero Günther Pichler, Gerhard Schulz (violines) y Valentin Erben (violonchelo) venían notando una sensación rara, de que algo faltaba, como lo reconocían en febrero pasado al diario londinense The Times: “Fue extraño cuando Thomas murió. Queríamos continuar y él quería que continuásemos. Pero algo se rompió en nuestros corazones”.

El Cuarteto Alban Berg deja de tocar para siempre el próximo mes de julio. Antes han querido hacer una gira de despedida, que les ha llevado primero por Estados Unidos, continúa ahora por Europa y concluye en verano tras recorrer Iberoamérica y Asia. Esta semana se despiden de su fiel y devoto público español en los conciertos de Zaragoza (día 5) y Madrid (días 6 y 8). No hay que ser adivino para presumir que estas actuaciones estarán marcadas por la emoción de una cita trascendental. Calla para siempre el sonido hondo y añejo de la cuerda estos cuatro músicos; la perfección técnica de sus ejecuciones, el empaste de sus instrumentos, la intensa expresión de sus interpretaciones. Ya nos será imposible volver a oírlos en directo. Sólo quedarán los discos y el recuerdo.

De Joseph Haydn abordarán L’ Introduzione (de Las siete últimas palabras de nuestro Salvador en la Cruz, op. 51) y el Cuarteto nº 1 en sol mayor, op. 77, que fue de los últimos que compuso el músico austriaco. Una de estas piezas abrirá cada concierto, como una manera de instaurar un punto de partido en el recorrido estético y musical que propone en esta gira el cuarteto vienés. De hecho, con Haydn se produce una evolución en la forma, al incorporarse un mayor desarrollo de las partes de viola y segundo violín hasta conseguir que los instrumentos entablen un auténtico diálogo musical. La siguiente etapa se cubrirá con el Cuarteto nº 15 en sol mayor, D. 887, de Franz Schubert, y uno de los últimos cuartetos compuestos por Ludwig van Beethoven, el nº 15 en la menor, op. 132, fechado en 1825 y que pasa por ser el más accesible de todos ellos. Tiene un movimiento lento de un lirismo extraordinario que el músico de Bonn subtituló “Canción de agradecimiento de un convaleciente ofrecida a la divinidad”.

La última parte, como no podía ser de otro modo, la configuran las obras del compositor vienés Alban Berg. Se tratan del Cuarteto op. 3, que tiene pasajes donde tendremos ocasión de oír el lucimiento de la viola de Isabel Charisius; y de la inmortal Suite Lírica, una auténtica joya compuesta en 1926. Berg dijo de ella que era “una expresión de amor lírico”. En realidad, la partitura recreaba su amor furtivo y clandestino por Hanna Fuchs, hermana del poeta Franz Werfel y, por tanto, cuñada de su admirada amiga Alma Mahler. Por ello esta obra recuerda vagamente al tema de amor del Tristán wagneriano. Seis movimientos cortos donde utiliza una clave musical con sus iniciales y las de su amada, y que subtitula algunos de ellos como “Andante amoroso”, “Presto delirando-tenebroso” o el final “Largo desolato”, inspirado en el poema De profundis clamavi de Baudelaire.

Estas serán las últimas obras que tocarán juntos. Luego, cada uno se irá por su lado. Günter Pichler quiere dedicarse a dirigir, cosa que empezó a hacer en 1989 con la Orquesta de Cámara de Viena. Gerhard Schulz e Isabel Charisius se integran en una nueva formación, el Waldstein Ensemble, donde también toca la esposa de Gerhard. Atrás quedará toda una vida unida por el recuerdo de Thomas Kakuska, sin el que ya no tenía sentido continuar. Como en ese poema de Baudelaire en el que se inspiró Berg:

Porque no hay en el mundo horror que sobrepase

La fría crueldad de ese sol congelado

Y de esa inmensa noche semejante al viejo Caos

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Esta entrada fue publicada el Lunes 5 mayo 2008 a las 11:13 am. Se guardó como Música culta y etiquetado como , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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